Teoría de las cosas
"...es tan triste el amor de las cosas, porque las cosas no saben que uno existe." Jorge Luis Borges
He guardado algunas cosas con la loca idea de que me conecten con los recuerdos, lugares y personas que en un momento le dieron significado.
Pero no quiero ni creo que esas cosas, en sí mismas, importen o sean demasiado, porque no se trata de su utilidad, belleza, tamaño, precio, ni siquiera de su existencia. Tengo esas cosas y entraría a rescatarlas de un incendio. Porque, de alguna manera, cada que las veo o las toco, puedo escuchar las historias que guardan en estricta reserva para quienes pueden comprenderlas y sentirlas.
Pero me refiero, por ejemplo, a una servilleta que guardé para recordar un postre delicioso una tarde en que solo quería compartir con mi propia compañía. Una canción que reservé para una alegría del futuro que nadie conoce. Una piedrecita para recordar una promesa. Una mochilita de colores para guardar confidencias. Una manilla, un llavero, un sticker. Un poema y un microcuento que no quiero publicar. Mi perfume favorito y mi inventario de aromas con sus respectivos recuerdos asociados. La gorra que compré por internet una vez a las 4 de la mañana, porque no podía dormir intentando recordar una marca de ropa que tenía en la punta de la lengua y que me recordaba una gorra que llevé a un paseo al zoológico que hice cuando estaba en 8vo, y no sólo encontré la marca, sinó también una gorra parecida que estaban vendiendo a solo $5.000 en un almacén de segundas de la ciudad, llamado Cooltrash. La locura.
A eso me refiero. A esas cosas que se expresan con sus propios sueños, historias y personalidad. Con sus propias tristezas y anhelos por cumplir. Y, en el fondo, lo único que quiero de ellas es lo que tienen por decir. La corriente callada, invisible y subyacente de significados que traen a mi vida para calmar un poco la sed.

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