Princesa de lychee
Esperaba que me reconocieras. Que descubrieras que es mía la voz que suena en tu mente y que a veces escuchas en el viento e imaginas en las olas.
Si, soy yo, el que estuvo en ese sueño que tuviste hace tanto y que juraste no olvidar sobre un refugio donde jugabas a ser Princesa en un bosque de lychees y del que despertaste antes de que pudiera decirte mi nombre.
Sé que es difícil de creer pero sólo yo podría saber que una noche volteaste a buscar un rostro en medio de una multitud porque sentiste que alguien te llamó por tu apodo favorito, y te llevaste las manos al pecho sin entender de donde venía esa angustia que te oprimía y que se disipó un poquito cuando una brisita besó tu frente.
Sí, sé lo difícil que resulta creerlo porque me lo ha dicho el brillito de una lágrima que no quieres soltar porque piensas que después no podrías detener la lluvia que te atormenta.
Lo que no sabes es que aprendí a nadar por los dos y que tengo una barca en la orilla que te espera, y que guardo un diccionario de tus gestos para querer en lenguaje secreto. Porque soy la promesa que hiciste antes de encontrarme, de que sin importar dónde o cómo, sin importar cuanto tardara o cuanto doliera, tú volverías a encontrar el camino al bosque donde jugábamos, y volverías a acariciar mis mejillas y los latidos de un corazón que besa tus manos y tu alma cuando no encuentra palabras.


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