Te amo demasiado, pequeño.

 Un cosquilleo en la planta de mis pies me arrulla con su sueño de volar. Me esfuerzo pero mis ojos se cierran. Son las 12:10 am y hoy caminé muchísimo en los senderos de mi mente. Regué todas las plantas y me senté en una banca a esperar el atardecer.

 Me sentí como un niño y la idea me causó gracia. La idea de mi niño interior, sentado allí, balanceando sus piecitos en el aire, emocionado por una puesta de sol, disfrutando lo que fuera.

 Era tan real que me inflamó el corazón de alegría y sentí que me miraba y me hablaba desde la parte más genuina de su ser y que incluso podría ir a comprarle golosinas, y hacerle un dibujo de sus juegos favoritos.

Cuándo anocheció extrañé mucho su risa y sólo quise salir a buscarlo. Cuando lo encontré lo abracé y no supo cuanto, cuanto lloré al pensar en las cosas qué tendría que hacer para volverse fuerte.

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