Nada
Lo intenté todo una y otra vez.
Quise lo mejor y busqué lo extraordinario. Viví mi obsesión dejándome la piel. Quise proteger a los míos pero conocía los atajos y me reía de las rutas peligrosas.
Así que cuándo llegó el momento de ajustar cuentas, entendí bien el precio que debía pagar.
Pero ahora escribo desde un choque de trenes que parece mío y me abraza con un incendio que se alimentó de las mejores intenciones.
Así que nada. Hoy no quiero nada.

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