La última aventura de Jack
Salí con el sol en mi espalda a toda hostia, sin saber donde terminaría, cómo si una fuerza irrazonable me impulsara.
Una adictiva sensación de vértigo rompía el viento en mi cara a quién sabe cuantas millas por hora. Pero era sólo el ascenso y luego... un abismo que no vi venir, en una insalvable caída libre de emociones.
Fue muy raro. Era un 31 de diciembre y toda esa noche yo sentí un mundo dentro de mí tirando pólvora, bailando con mis entrañas y embriagándose en las aceras de mis inseguridades.

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